En San Francisco, Huila, una región emblemática para la producción de café en Colombia, se encuentra la Institución Educativa Montessori, sede San Francisco. En un país donde las condiciones para estudiar en zonas rurales son desafiantes—el 79.8% de las escuelas no tiene internet y el 18.1% carece de electricidad, según la Universidad Javeriana—esta escuela ha superado obstáculos inimaginables. A pesar de operar sin biblioteca, sala de profesores, ni conexión estable a internet hasta hace poco, ha ganado más de 30 premios nacionales e internacionales y, recientemente, recibió 50,000 dólares al ser reconocida como la mejor escuela del mundo en acción ambiental.
El motor detrás de este logro es el profesor Ramón Majé Floriano, quien en 2017 inició un proyecto educativo llamado CafeLab, inspirado en la naturaleza cafetera de las familias de los 380 estudiantes de la escuela. El proyecto comenzó con la observación y el análisis de la cadena de producción del café, revelando un gran problema ambiental causado por los residuos generados: tallos, cáscaras, mucílagos, cascarillas y posos de café que contaminan el suelo y las fuentes de agua.
CafeLab busca soluciones sostenibles a estos problemas ambientales, integrando a los estudiantes en todas las etapas del proceso: inmersión, transferencia y comunicación. Con pocos recursos y mucha creatividad, los estudiantes han desarrollado productos como jabones exfoliantes, muebles a base de tallos de café, y bebidas aromáticas a partir de residuos, mostrando cómo la educación puede tener un impacto real en la comunidad y el medio ambiente.
Este proyecto no solo transforma residuos en oportunidades, sino que también empodera a las mujeres, promoviendo que ellas lideren los equipos de trabajo, desafiando las normas tradicionales de género en el contexto rural.
El reconocimiento internacional como la mejor escuela del mundo en acción ambiental ha puesto a San Francisco en el mapa global, y los 50,000 dólares ganados permitirán a la escuela mejorar sus instalaciones y continuar desarrollando proyectos que integren ciencia, tecnología y conciencia ambiental. Con un enfoque innovador y un compromiso inquebrantable, la escuela Montessori, sede San Francisco, se ha convertido en un ejemplo de que la adversidad no impide alcanzar grandes logros.



